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Por Luis Eslava Iparraguirre
EL INAME
La tarde de un 29 de noviembre Gavina Bada sufría junto a su hija Melchora, que según los síntomas debía dar a luz en pocas horas, pues los dolores eran muy fuertes y consecutivos.
Melchora era hija natural de uno de los pequeños hacendados de la región, y su madre Gavina había puesto todo su interés y dedicación para evitar que su simpática hija tuviera relaciones amorosas con algún joven del pueblo, los que luego de ofrecerle cariño, apoyo económico y, a veces, matrimonio, prontamente la dejaban en busca de mejor partido matrimonial o, en su defecto, mayor facilidad como amante para entrar y salir de la casa con toda libertad.
Gavina insistía sobre Melchora: "Dime, debe haber alguien en tu vida. Seguro es alguno de esos pingajillos que sólo ofrecen y nunca cumplen. Me dicen que te vieron con un alumno del Industrial". Melchora contesta y rejuraba que no tenía a nadie en su vida. Al fin, viendo que eran pasada las doce de la noche y ya era 30 de noviembre, día de San Andrés Loco, llamó a su madre y le confesó: "Este hijo que voy a tener es hijo de "Iname". Hacen exactamente nueve meses cuando llovía con sol corríayo cerca de la laguna de Higosbamba, veníayo de Colcas, cuando en medio del sol de la tarde comenzó a llover, se formó un arco iris y por más que hice por alejarme de donde nacía no pude y me cayeron chirapas del arco iris; desde ese momento sentí que algo nuevo nacía en mí, y desde ese rato noté que estaba encinta. Mamita, como todos saben, en Cajabamba los hijos del Iname (arco iris) nacen el 30 de noviembre, día de San Andrés Loco, mi hijo nacerá hoy, pues es San Andrés.
Gavina abrazó a su hija y le perdonó la falta.
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El arco iris cruzando el Chochoconday. Foto: universia.pr
EL DUENDE
Duende, según el diccionario quiere decir: "Espíritu que, según el vulgo, travesea en algunas casas causando trastornos y estruendo"; "Espíritu hiperespiritual de fácil materialización".
Personas creyentes de narraciones fantásticas, malignas y/o terroríficas siempre pensaron y sostuvieron que este personaje habitó en los molinos hidráulicos, en las plantas cuya sabia es lechosa (como el higo, el higuerón) siendo el lugar de su preferencia los molinos de Cajabamba, en la rueda de madera, la cual se movía al recibir la fuerza del agua para convertir en harina el rico trigo para el pan de la mesa.
Cuentos nocturnos, muy sorprendentes, de las abuelitas de antaño, dejaban atónitos a los niños y a muchos de otras edades con sus extravagantes narraciones.
Al duende cajabambino se lo describía como una mujer blanca, desnuda, de cabellos largos y rubios y de ojos azules. Aducían que eran peligrosos, que se enamoraban de los niños (si una madre que llevaba al molino a su tierno hijo, quien estaba lactando, este veía al duende y por la noche no podía dormir, lloraba incansablemente, ya que el espíritu travieso de nuestro personaje del epígrafe es maligno).
Incontables son los casos que se narraban; pues, se dieron coincidencias de mujeres que llevaron al molino a sus menores hijos y por las noches lloraron demasiado, siendo el motivo de esto alguna fiebre o dolor de estos. Dado el drama nocturno del menor, la abuelita del damnificado echaba a rezar, trazaba cruces en la frente, pecho, pies y en el cuerpecito del menor, finalizando la escena con pintarle en la frente una pronunciada cruz con el tizne de una olla vieja de barro, creyéndose que con este ceremonial el duende dejaba en paz al parvulito, ausentándose de su presencia.
Todo lo que se dijo en tiempos idos del tal "duende" fueron expresiones de contornos inverosímiles, que a la fecha ya van desapareciendo junto con los molinos hidráulicos, y gracias a la cultura creciente impartida por los centros educativos, los medios de comunicación masiva, etc.
Cajabamba tuvo trece molinos hidráulicos. Once ubicados en el llamado "Acequión de los molinos" que nace en un lugar llamado Arapuquio y termina en el poético Molino de Lanla; estos fueron: De los Rodríguez, de los Boy, de los García, de los Ravinez, de los Ortiz, de los Infante, de los Gálvez, de los Falcón, de la Beneficencia, del "Facundo" y de Lanla. Además, habían dos molinos movidos por aguas del río Lulichuco o río del "Gorro Verde", que eran propiedad de la señora Elena Vereau de Iparraguirre.
Para los supersticiosos de esta tierra eran un total de trece duendes, sin contar los que habían en los higuerones, higos de fincas y casa viejas.
Recordando nuestra niñez, influenciada por el costumbrismo folklórico de nuestras abuelitas, traemos a la memoria nuestros paseos capulísticos a Callash, en los que al pasar por el higuerón teníamos que santiguarnos para ahuyentar al duende, a fin de que éstos no nos vean.
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Abajo, al fondo, el antiguo molino de Lanla. (foto: Manuel Goicochea)
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