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Feria Patronal de Cajabamba

Por Luis Eslava Iparraguirre
(tomado de "Rostro de las Tardes... Biografía completa de Gloriabamba")
¡Cajabamba!... retazo de gloria, asentada en las faldas de su majestuoso cerro totémico, rodeada de campiñas idílicas que, unidas a su ternura y a su gracia fresca y pura, le imprimen una característica típica en la serranía peruana, donde el espíritu de los ancestros, mecida por el arrullo de sus linfas claras, de riachuelos traviesos y juguetones, le ofrecen a las brisas la belleza de sus flores, la fronda lujuriante de sus bosques, la variedad y la belleza de sus aves cantoras, el tibio regazo de sus prados, la diafanidad y transparencia de su cielo, las maravillosas irisaciones de la luz en los sombríos montes pensativos que plasman su filosofía en el trajinar del tiempo y la recóndita nostalgia.
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Foto: Municajabamba

Tras la admiración de que es objeto nuestro lar nativo, se yergue, por sobre todo, la imagen de la Virgen del Rosario, delicada y primorosa, que con su talla andaluza es venerada por todos los cajabambinos que año tras año concurren a su trascendental festividad, siendo copartícipes de los acontecimientos religiosos, sociales, culturales, artísticos, folklóricos, deportivos, entre otros.
Y llegamos a la feria patronal. Con sus anticipados preparativos y con la acuosidad de nuestro alcalde, Jorge Rosell, quien siempre se esmeró, como pocos, del programa festivo, trabajando desde alboradas hasta crepusculares atardeceres de hierática inspiración, frente a un sol que agoniza allá en lontananza, entre sábanas de arrebol y despedida, con crepitar de grillos y algunas antaras quejumbrosas que en las noches profundas incentivaron la inspiración y la meditación para que todo salga bien.
Cajabamba, como bastión de la fe católica, cumple con el novenario. Llega al pueblo la banda de músicos “Mi Perú” de la ciudad de Trujillo, la que presenta su saludo al honorable Concejo Provincial y, con especiales ejecuciones, a la Virgen; posteriormente, discurre por las calles de la ciudad, inquietando a grandes y chicos. Es una clarinada del inicio de la feria.
La retreta tradicional del Alba es un obsequio de Esthercita, Elvia, Gabriel y Mario Calderón Calderón, quienes siempre se esmeraron por dar a la patrona del pueblo una nota sobresaliente. La retreta de vísperas está a cargo del Concejo Provincial. En esta noche astral de luminaria cósmica, con fuegos del artificio y del pulsier, concurre la gente ávida de sensaciones y vestida de fiesta. Las campesinas con su quipe de ilusiones y con albo sombrero nuevo, al igual que los varones. La banda de músicos ameniza esta retreta en el centro de la plaza, junto a la marmórea pila ornamental; los castillos de fuegos artificiales, con sus armazones de incógnitas sorpresas, compiten en altura con las centenarias palmeras, acicateando la traviesa e incansable curiosidad de los niños, jóvenes y adultos. Balcones repletos de gente locuaz y reilona se divierten observando, en la faz estrellada de la noche, los artísticos globos de papel y los cohetes de luces y paracaidas; mientras las vacas-locas hacen el alborozo de quienes pasean o están posesionados en las bancas y el malecón de la Plaza de Armas. Y comienza la quema de castillos. El orden es el siguiente: “Un clarín en la noche”, “El abanico chino”, “Apolo 11”, “Las barbas de Noé”, “Combate aéreo”, “El cruce de la muerte”, “La monja del cielo azul” y “El Tunante”. Hay dianas, marineras, huaynitos, aplausos para los artistas pirotécnicos y para las autoridades ediles.
La Señorial Danza de Diablos, con sus máscaras esculturales angélicas y con atuendo elegante y fastuoso, danzan, en parejas, en el atrio del templo y en las cuatro esquinas de la Plaza de Armas, haciendo tronar sus chicotes, seguidos de abigarrada multitud que se complace en verlos bailar al compás de las inimitables marineras y “chiquitas” cajabambinas: “Los amores del sacristán”, “Diablos y demonios”, “Soy sirena”, “Serrana cajabambina”, ”Cholita ráscame la cabeza”, “Alverjitas Alverjones”, entre otras.


La Virgen del Rosario
contempla con alegría,
esta gran algarabía
en su hermoso aniversario.

Las palmeras de la plaza
erizan sus cabelleras,
al son de buenos remates
con que alegran las marineras.

Las gentes que nos visitan
admiran la buena danza,
que es seguida por gran séquito
desde el comienzo hasta el fin...
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Nuestra ciudad presenta su campo ferial urbano, delimitado con plano regulador, con sus tendidos y puestos de novedades de feria con artículos manufacturados traídos por mercaderes profesionales que concurren, por tradición, con la alta calidad y diversidad de productos. Entre estos no faltan los conjuntos musicales, los charlatanes con culebra o boa en manos, venta de parches o sebos selváticos y monos en pianolas, que concitando la inquietud de niños y campesinos sacan papelitos escritos a los que le llaman “suerte”.
El coliseo de gallos “El Caballero Carmelo” es escenario de las lidias de los famosos galpones del norte del Perú, donde, con subidas apuestas y maceo de grandes sumas, se dan las reñidas jugadas “de a pico” y a “navaja”. Allí están presentes galleros de Huamachuco, Otuzco, Trujillo, San Marcos, Cajamarca, Chiclayo y otros lugares, poniéndose de relieve la amistad proverbial que los une para, posteriomente, disputar los tan deseados y significativos trofeos.
Es muy grato recordar en Cajabamba de antaño a los buenos y fieles mayordomos que tuvo la Virgen del Rosario, como el señor Arturo Chacón Reyna, don Luis Rubio Arteaga y don Carlos Figueroa Murga. Este último, al ver cristalizarse la fiesta a su gusto y manera tomaba sus tragos y arrancaba con su verborrea, insolencia y majadería; siendo él, el alma de la fiesta.
Muy halagüeño es el reencuentro, en medio de gran multitud, con los paisanos que nos visitan con tan grato motivo. Infaltable era la presencia del artista José Lorenzo Martínez, luciendo flamante guayabera y su clásica vasca. Al desplazarse por una de las calles de la Plaza de Armas, con su mirada fija y con expresiones de un filosofar, iba plasmando, en su mundo de artista, las escenas que más le gustaban. Se lo vio extremadamente pensativo al momento que la banda ejecutaba el pasillo “Flores Negras”. También destacan, entre otros, el general EP. Marcial Rubio Escudero, sus hermanos: Manuel, Alfonso, Celia Rosa y Ofelia, el doctor Guillermo Monzón Linares, José Cuadra Rabines, Genaro Cárdenas Sheen y señora, el doctor Luis Donet Martínez y señora, Luis Abanto Morales, Shalim Concha, el doctor Juan Cuba Rodríguez, el coronel FAP. Alfonso Santa María Barreto y señora, el marino Lalo Goicochea Sabogal, los hermanos Agapito y Adolfo Casas Lara, Lucho Cuadra Rubio y José Benjamín Romero.
Durante todas las noches de la feria se realizan bailes sociales con orquestas foráneas, acontecimientos que terminan al amanecer y dentro del marco de la alegría y la sana comprensión del amor, el romance y la amistad; mientras taciturnos parroquianos empalman las horas del amanecer con la salida del sol, en extrema diversión.
La Iglesia San Nicolás de Tolentino resulta pequeña para albergar a la gran multitud que concurre el “día central” a escuchar la misa de fiesta con panegírico, la que es rubricada con la procesión de la milagrosa imagen de la Santa Patrona, a la cual se vuelca todo el pueblo junto a sus autoridades (la Virgen del Rosario salió por primera vez en procesión el 8 de octubre de 1668). El esmero de la banda de músicos es único en su género al interpretar selectas marchas regulares en el recorrido solemne por las calles de tradición, bajo un cielo diáfano y un sol abrasador. La hermosa patrona, en lujosas andas, va luciendo el hermoso manto obsequiado, con fe y amor, por la buena cajabambina, doña María Livia Urrunaga de Cárdenas.
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Después de la procesión son los suculentos y opíparos almuerzos con invitados especiales, presentándose en las mesas diversos potajes a base de gallinas, pavos, cabrito, asados, el aguadito de pato, los tamales, el mote de trigo, en fin; en cada casa saborean lo mejor para este día, sin faltar los brindis con especiales licores, y como de fiesta se trata, hay que hacerle honor a la chicha y a la aromática aloja. En esta reunión se hace una larga sobremesa. Se comenta acerca del adelanto o atraso del pueblo, de la calidad de la fiesta, de las personas que han venido este año, de las novedades, etc., hasta que, llegado el momento, el dueño de casa o anfitrión “levanta” la mesa e invita a la sala a dar unos bailecitos. Todos se disponen a bailar con su respectiva pareja, lo cual se prolonga hasta la noche, alternando con sus brindis y especial alegría.
Se da paso al deporte. Son equipos de fútbol invitados de otras provincias los que se disputan significativos trofeos.
El concurso de marinera, que tiene como escenario el coso taurino, concita grande interés. Son muchas las parejas que participan en su respectiva categoría, las que van ocupando las diferentes pistas de baile y alternando su presentación con los campeones nacionales de marinera. Allí se zapatea al son de “La conchaperla”, “El gato blanco”, “Sacachispas”, “El huaquero”, “Así baila mi trujillana”, entre otras. Los vítores y los aplausos hacen el barullo de la fiesta. Los premios son jugosos, a parte de los pañuelos de oro y de plata obsequiados gentilmente por el chiclayano, amigo de Cajabamba, señor Walter Pozada. El pueblo tiene, con motivo de la marinera, dos noches de alegría muy amplia. Es Cajabamba en su plenitud, sana, abierta, hospitalaria, buena, con su paz y mansedumbre, características.
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afiche: LafamiliaGoicochea
Llegamos a las sensacionales tardes de sol, sangre y arena.
La tradición tauromáquica en nuestra provincia corre pareja con la fe a nuestra patrona. Estos festivales, que tuvieron como escenario la Plaza de Armas, comenzaron hace tres siglos con encerronas o sacando -a la plaza- animales cuneros. Para esta festividad eran cerradas las bocacalles, siendo los más beneficiados las familias godas de la época que espectaban desde los balcones corridos de sus casas y desde el Ayuntamiento.
Los toros eran traídos repunteros a tres vetas, enlazados, con sobrecargas de cuero aceitado. Los encargados de esta labor venían a horcajadas y luciendo faldones de cuero, armando gran algarabía al grito de ¡toro!... ¡toro!... ¡toro!... mientras los muchachos corrían por las callejas empedradas de nuestro pueblo en espantoso tropel, dándose de empujones. Allí nació el castizo decir cajabambino de aplicación figurada: “Para decir que el toro viene no hay que empujar”. Añejo costumbrismo cuando los Velezmoro, de la hacienda Araqueda, sacaban toros con fronteras, cuernos y cascos de plata; vivencias que se grabaron en niños de otras generaciones y que jugaron con toros de penca, imitando las siguientes expresiones: “Suelto mi toro de frente a frente con un planchón de oro en la frente, ¿qué quieres?... rocoto o vino; ándate por tu camino, hazlo pites al que lo encuentres menos a tu torero”. Un Cajabamba que se fue, pero que otea el presente por la ventana del tiempo en la feria de octubre.
En años idos, mamá nos narraba que toreaba en ésta un diestro español, natural de Vizcaya, al que todos llamaban El Vizcaíno; quien hacía todas las faenas solo (toreaba, banderilleaba y estocaba), sin ayuda de peones ni banderilleros. Haciendo un poco de memoria, recordamos que para la fiesta brava se armaban tabladillos con sus barreras. Por aquel entonces toreaba Miguel López, Miura, y el bufón español Daniel Hernández, conocido con el sobrenombre de Chaplín; también vimos al banderillero Moyano, a Adolfo Rojas, El Nene, al Chato Mora, entre otros.
Hoy en día, Cajabamba tiene su plaza taurina, obra del alcalde Alberto Figueroa Murga. A la fecha resulta pequeña, pues la afición a la tauromaquia cada año es más creciente.
En estos últimos tiempos hemos visto en el ruedo a Rafaél Puga, Paco Chávez, Daniel Palomino, Gabriel Tizón, Ricardo Bustamante, Hugo Bustamante, entre otros. No podemos olvidarnos de Telmo Bustamante y de aquellos sensacionales rejoneos con su educado caballo “Capricho”.
Hermoso es recordar las tardes de toros, cuando a las tres y treinta la cuadrilla hace su ingreso al ruedo con el clásico paseíllo, y al son de un pasodoble, como “La Virgen de la Macarena”, “España Cañi”, “El Gallito”, “Silverio Pérez”, entre otras, se dirigen al palco oficial a saludar a las autoridades de Plaza

“Empiezan los toros con mucha alegría,
la Plaza rodeada de mil tabladillos
ofrece la lidia de hermosos novillos
que airosos presentan su planta bravía...”

Las ovaciones arrancan de los tendidos. Son hermosos ejemplares de Salamanca. La autoridad de Plaza da orden al “corneta” para que indique los tercios oportunamente (de tablas, banderillas y de muerte). Mientras el arrastre de los toros, la música alegra el ambiente, hay más pasodobles y marineras, las amistades que se saludan, mímicamente, de tendido a tendido, bajo un cielo terso.
La mejor tarde fue el viernes. La Plaza se copó. Empezó esta tarde de arte con la presentación de la danza de diablos y galanes, entre quienes estaba Luchito Burgos, demostrando su alegría y capacidad de danzarín, al igual que Luis Abanto Morales, Lucho Cuadra Rubio, Pepe Eslava, Demetrio Casas, Víctor Jara, Antonio Johanson Fuentes, Benjamín Romero, Adrián Eslava y otros tantos. El público los admiraba por su arte al bailar, los aplaudían, había infinidad de fotografías y filme para la televisión. Mientras los diablos chicoteaban, tronaban cohetes en el espacio y, nuevamente, continuaban con otra marinera y la chiquita. Luego, se lidiaron y estocaron tres reses de pura casta: “Andaluz”, “Islero” y “Trianero”. Los coletas se esmeraron... una que otra chicuelina, faroles, pases de pecho, manoletinas, pases por alto; los tres cornúpetas fueron descabellados. La tarde no fue tan satisfactoria pese a la escrupulosidad de los toreros. Ha terminado la fiesta brava con la entrega del escapulario de la Santísima Virgen del Rosario al matador Paco Chávez, quien ya luce esta preciosa obra de arte, entre música y aplausos. El distintivo de triunfo fue obsequio de la señora Carmen Julia Iparraguirre de Silva.
El público abandona los tendidos y se vuelcan a las rancherías, picanterías, a las vivanderas y al “Frontón” a saborear los ricos tamales, el cuy, la gallina, el cabrito, las cecinas, los dulces, y todo a gusto del paladar, como es característico en la fiesta de octubre, siempre con los brindis y con música por doquier.
La fiesta va llegando a su fin. La gente de la campiña y de la ciudad aprovechan de los remates para hacer sus compras, especialmente, ropa, zapatos y menaje. En plena fiesta recordamos a un antiguo ruletero que nunca faltó en octubre, el año pasado vino trayendo un aparato que entregaba suertes llamado “El sabio Salomón”; este año ha venido trayendo ropa, en especial prendas íntimas de mujer, para lo cual una mañana se ubicó cerca de la pileta de la Plaza de Armas, se puso a manera de gorro un calzón, y a viva voz, batiendo en alto y en ambas manos éstas prendas, decía: “¡jaulas para palomas!... ¡jaulas para palomas!... hay de todos los colores y tamaños”. Muchas mujeres reían, otras continuaban su camino con extrema seriedad. Este personaje jocoso y palomilla era conocido como El China María.
El día sábado, víspera de la Octava, las actividades programadas para esta fecha son muy pocas. Ya hay baja en la alegría de los bolsillos. “La banda Mi Perú ayer dio su retreta de despedida, tocaron muy lindo en todos los acontecimientos”, se dice la gente.
El Domingo de Octava, como siempre, fue la misa y procesión de la Santísima Virgen a cargo de su buena devota, señora Aurea Luz Salaverry de Grijalba. Por la tarde, a las tres, se presentó la danza de diablos, y con esto ha terminado la fiesta, que año tras año se realiza con acendrada devoción y fervor religioso.
Los visitantes emprenden su retorno, muy alegres por haber gozado y tristes por partir, con la nostalgia de volver el próximo año.
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fotos: Ramón Eslava Ramírez
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